viernes, 28 de agosto de 2015

Cuesta creérselo

Queda tan lejos, y a la vez, tan cerca aquella primera consulta en reproducción en nuestro hospital de referencia. Parece mentira que hayan pasado casi cuatro años. Cuatro años de esperas, decepciones, lágrimas, frustraciones, y tan pocas alegrías,... Prácticamente sólo una. Esas segunda rayita en el test de embarazo. La única alegría de todo el proceso a la que desde el principio me he vuelto adicta:




Hasta 8 pipitest me he hecho. De todas clases y colores. Lo sé, estoy loca. Pero es que realmente cuesta creérselo. Tengo mi cartilla de embarazada aquí al lado y sigo pensando que es algo que no va conmigo. No sé si alguna le ha pasado. Es una sensación contradictoria: alegría, ilusión e incredulidad.

Pero ahora vienen los miedos. El pánico. El haber estado conectada al mundo de la infertilidad a través de la red ha sido de gran ayuda. A parte de poder desahogarme con total libertad, he podido conocer a personas fantásticas, luchadoras hasta donde ni ellas misma sabían que podían llegar: algunas lo consiguieron a la primera, a otras les costó muchos tratamientos y negativos, muchas todavía están en la lucha y otras decidieron que querían ser felices con lo que tenían y no infelices por lo que algún día podrían o no tener. Siento una profunda admiración por todas ellas. 

Pero en todas estas historias hay pequeños y grandes éxitos y fracasos. Y estoy aterrada. No soy capaz de disfrutar de nada relacionado con el embarazo. Sé que todavía es pronto y espero no tardar en cambiar de actitud, pero creo que el no acabar de creérmelo es un mecanismo de autodefensa por lo que pueda venir. Aunque a veces me enfado conmigo misma con estos pensamientos. Es algo que no está en mis manos. Debería saberlo ya. Si tiene que ser será, tanto para bien como para mal. Debería disfrutar el momento. 

Sé que no es la actitud correcta, pero durante las primeras semanas no he hecho nada más que buscar por Internet información sobre síntomas de embarazos bioquímicos, ectópicos, huevos hueros, ... hasta descubrí que existía el embarazo molar (del que nunca había oído hablar). Todo cosas muy bonitas como podéis observar. Cada síntoma que leía, síntoma que tenía. La verdad es que lo he pasado muy mal porque además, Él y yo éramos los únicos que los sabíamos. Yo no había compartido la noticia ni siquiera con mis compis foreras. 

Encima, la ecográfica de confirmación (que normalmente se suele hacer a las 2-3 semanas del positivo), a nosotros nos pilló en pleno agosto y con la sanidad pública bajo mínimos. Así que mi ecoespera se alargó más de lo habitual. Así que pasaron 4 largas semanas hasta que por fin nos dieron cita en la Fe. Hasta en eso tenemos suerte. Viernes a última hora y gracias. 

Nerviosos como flanes allí nos plantamos. La planta estaba prácticamente vacía. Se nota que en agosto no hacen tratamientos. Aún así cuando llegamos teníamos delante a 2 parejas. Nada, un poco de paciencia y en breve sabríamos a que atenernos: si teníamos que volver a empezar o nos esperaban unos meses de incertidumbre hasta tener a que nuestro bichobola por fin en brazos. 

Nos atendió el único doctor del departamento de reproducción que todavía no me había visto la chirla. No hay manera de que te vea dos veces el mismo. Llegamos y lo primero que nos dice es: bueno, a ver cuando vamos a por el congelado. Él y yo nos miramos con cara de... pero que me estas contando? Y le explicamos que no. Que el pipitest nos dio positivo y que veníamos a confirmar con eco si todo iba bien, si habían uno u dos, etc. El médico se queda remirando la pantalla y al final dice que es verdad, que nos pusieron los dos que nos quedaban :-S no se enteran de nada. 

Finalmente me subo al potro y ahí estaba. Mi pequeño bichobola, todo él redondito, como su nombre indica. Un bicho bola perfecto. Bueno, yo lo vi perfecto. Entre los nervios mios y los de Él (que no atinaba a hacerle una buena foto con el móvil), y aunque sé que el médico estuvo midiendo varios parámetros, se me olvidó por completo preguntar que tal lo veía, si estaba todo bien, etc. Además, nos puso para escuchar el corazón como 2 segundos y punto. No dió tiempo para nada más. Un informe rapidito para la matrona y fuera. Ya estamos de alta en la Fe. El hombre tenía prisa. Que eran más de las 14h de un viernes de agosto. 

Pero a nosotros ya no nos importaba nada. Estábamos felices. Ya todo daba igual. Las esperas, los malos modos, el trato inhumano, ... Nuestro bichobola estaba con nosotros y no necesitábamos nada más. Por fin parecía hacerse realidad: existe algo creciendo dentro de mi. Todavía me cuesta, pero empiezo a creérmelo. 


domingo, 23 de agosto de 2015

Final de una etapa

Así es como nos enfrentamos a nuestra cuarta betaespera. Habíamos decidido quemar nuestro último cartucho antes de cambiar de estrategia. Si tenía que ser, que fuera ya, sino necesitábamos pasar un verano tranquilo, intentando desconectar de tema un poco.

La infertilidad se había convertido en el centro de mi vida durante los últimos tiempos, en especial este último año. Y no sólo estaba afectando a nuestra relación de pareja. Me había dado cuenta que estaba dejando de lado mis relaciones sociales. Cuando empezamos nuestro primer tratamiento, todo nuestro entorno ya sabía que estábamos en lista de espera para ampliar la familia y cuando al principio creímos que esto sería coser y cantar, no tuvimos ningún inconveniente en comentar que ya íbamos a empezar, que ya estaba con pinchazos, que me habían sacado tantos ovocitos, etc. Pero desde ese primer intento de transferencia fallido ya nos dimos cuenta de que esto no iba a ser una camino de rosas.

Y empezamos a encerrarnos en nosotros mismos. Intentábamos evitar a toda costa preguntas (bienintencionadas y sinceramente interesadas) sobre la evolución de nuestro operación En busca de nuestro bichobola. Y con tal de evitar la pregunta, empezamos a evitar el momento en el que nos la pudieran hacer: si no salíamos con los amigos conseguíamos el doble objetivo de ahorrar un poco (la economía no estaba para grandes fiestas) y evitar el tema al máximo.

A eso se añadieron los embarazos del grupo. No sólo nosotros no lo lográbamos sino que cada vez había más amigas embarazadas. Primero una, después otra, y otra, y otra,… hasta 5 nuevos bebes han llegado a nuestro entorno este último año (y otra que esta al caer). Y eso ha sido muy duro: su alegría nos recordaba nuestra tristeza. Me duele decirlo, pero es la verdad. Y esto me hacía sentir más culpable aún. No quería salir con mis amigos y ver barrigas y bebes mamando por doquier mientras pasaban los meses y a nosotros no nos llegaba el momento. Un momento que negativo tras negativo se hacía más y más lejano. Es muy triste sentir la alegría ajena como el fracaso propio.

Por eso necesitábamos acabar una etapa. Teníamos dos frigobebes en la nevera, esperando a ver que hacíamos con ellos. El verano estaba ahí y yo necesitaba desconectar. Un último empujón y parábamos.

Y así nos pusimos en marcha. Con la regla de junio pedí cita para mi transfe de congelados en ciclo natural. Ya llevaba más de un mes tomándome las vitaminas y la aspirina de 100. Como había pasado tanto tiempo, tenía que repetirme analíticas y anestesista para la sedación de la transferencia. Todo controlado. Día 12 de ciclo, revisión en el hospital: endometrio perfecto, un foli de 14 y estradiol un poco bajo pero aceptable. La doctora de turno le da miedo que me pase y me programa la transferencia para ese mismo viernes. Ya estamos ahí.

Llega el día D. El temor a que no hayan descongelado bien se disipa rápidamente: somos los primeros a los que llama el embriólogo: ha descongelado perfectamente. Pero, ...sólo habla de un embrión. ¿Como que uno? ¿Que ha pasado con el otro? Pues que se han equivocado y no lo han descongelado. Siempre nos tiene que pasar algo? Allí mismo volvemos a tener la duda/debate de si uno o dos: que ya que sólo han descongelado a uno así tenemos otra oportunidad, que si mejor que intenten descongelar los dos y así acabamos con ello, que si son de calidad B y D; que para qué vamos a guardar un D si no tiene muchas posibilidades,... Finalmente el embriólogo nos dice que no hay problema, que entre pitos y flautas puede descongelar el que queda y pa'lante. Así quedamos: final de una etapa. De perdidos al río.

Mi celadora favorita y yo ya somos íntimas. Mientras me lleva a quirófano me comenta que está muy contenta porque mañana se casa y va a enganchar el permiso por matrimonio con las vacaciones. Vamos, que entre pitos y flautas, hasta casi septiembre no vuelve. El paseillo de UCSI a quirófano se me hace ameno, divertido y lleno de buen rollo.

Llegamos a la antesala de quirófano. Han habido pocas punciones y me toca ya. Todo el personal de quirófano me está esperando. De repente me encuentro rodeada por 2 enfermeras, una auxiliar y hasta el mismo anestesista que viene a ponerme el mismo la vía y los electrodos si es necesario. Se ve que quieren acabar rápido para irse a almorzar. Le habrá dado tiempo a mi escuchimizau de descongelar? Sea como sea vamos con lo que hay. De perdidos al río. 

En cualquier caso, quiero y debo destacar de nuevo, el trato tan humano y cercano que siempre me ha brindado el equipo de quirófano. Son los mejores, menuda diferencia con los de planta! Ya les podían enseñar un par de cositas. Que tampoco cuesta tanto no tratarnos como ganado!

Y así, a correprisas, entro oficialmente en mi cuarta betaespera. Esta vez pienso tomármela más relajada. Disfrutando de la vida. Pero sin hacer ningún esfuerzo, eso sí. Quedada con unos, quedada con otros, bañitos piscineros rápidos, y mintiendo a todo el mundo como una bellaca: que si me han quitado unos pólipos y no puedo agacharme ni hacer esfuerzos, que si estoy tomando un antibiótico muy fuerte y no puedo tomar alcohol, etc. 

De síntomas: como las anteriores, prácticamente igual: pechos y tripas hinchada a más no poder, pichazos en los ovarios, dolor de regla intermitente a días, nada de sangrado de implantación ni nada parecido. La única diferencia real con las otras betas es que esta vez he tenido muchos gases, me he tirado muchísimos eruptos jaja. Pero claro, eso también puede ser porque me he hinchado (se que no debería) a refrescos.

Esta vez, tenía la beta el 15 días después de la transferencia. No entiendo porque cada vez me la ponen una fecha: a 13, 14 o 15 días. La verdad es que no lo sé. Si alguien tiene una respuesta que no dude en decírmelo porque tengo la impresión de que es porque según el médico que me toque le gusta torturarnos más o menos tiempo. 

El día en cuestión caía en sábado y rápidamente descarté hacer mi típico peregrinaje de ir pasando hospital por hospital público esperando a que el médico de guardia le diera por apiadarse de mi y de mi sufrimiento y me sacara de mi incertidumbre haciéndome una beta por la seguridad social. Así que empecé a mirar si había algún laboratorio que me hiciera la analítica en sábado y me ofrecieran el resultado el mismo día. Pero el único que encontré me parecía que me pedía por el servicio un precio exorbitante. Aunque claro, llegados a este extremo,... igual valía la pena pagar. En cualquier caso, decí por si las moscas, comprar por internet tiritas de alta sensibilidad por si caía en la tentación de hacer uno (o varios) pipitest antes de hora.

Y así llegó mi día 13 postransferencia. No puede resistirme. No tenía ningún síntoma especial, pero consideré que si era positivo, 13 días tendrían que ser más que suficientes para ver algo en el pipitest. No? Pues allá que fui, a hurtadillas, a las 6.30 de la mañana. Vasito con pis en una mano, tira en la otra. Mojé la tirita 10 segundos y me fuí a preparame el desayuno. Cuando volví... Nada. Blanco nuclear. Una nueva decepción. Pasé un día horrible. Y además callada como un p*** porque si le decía a ÉL que me había hecho ya un test se iba a enfadar conmigo. 

En cualquier caso, como una es de naturaleza masoca, y todavía quedaban dos días para el día de la Beta oficial, a la mañana siguiente hice el mismo ritual: pipi en un vasito, tirita en mano, sumergir, desayuno, y al rato vuelvo al baño y muy muy clarita pero...








lunes, 17 de agosto de 2015

De perdidos al río

No sé porqué este último negativo apenas ha dolido. No lo entiendo. Supongo que es mejor así pero me da miedo estar acostumbrándome demasiado a la decepción y al dolor. Quizá sea la "tranquilidad" de que todavía tenemos a dos chiquitines esperándonos. No lo sé. Pero esta nueva decepción nos está haciendo planteándonos dos alternativas:

PLAN A: dejar a los chiquitines en el frigo e irnos por lo privado sólo ha hacerme pruebas de coagulación, fallos de implantanción y demás. No sé lo que nos costaría pero estamos ya en un punto en el que ya no podemos seguir jugando con el tiempo. Si me espero a hacérmelo por lo público ya me han dicho que si se animan a pedirme esta serie de pruebas tengo por delante una lista de espera de seis meses para hematología y luego lo que tarden los resultados y/o posibles tratamientos.

PLAN B: confiar en estos pequeñines e intentarlo de nuevo. Según la última doctora que nos visitó tras este último negativo, tampoco llevamos tanta tralla: sí, es mucho tiempo e ilusiones invertidas, pero mirándolo fríamente "sólo" llevamos tres transferencias de las cuales uno de los embrioncillos estaba un poco p'allá.

Mi mente racional decía que la mejor opción era la primera: pasaríamos por un nuevo ciclo con más garantías de éxito, evitando decepciones innecesarias. Pero mis ganas me decían que entre dos frigocampeones estaba nuestro/s hijos. Ya era hora de que algo nos salga bien, no? Aunque igual no nos sale bien porque no lo hacemos bien. No sé, estaba hecha un lío.

Y en mi mente no dejaba de sonar y sonar el de perdidos al río que me comentó la celadora. No sé. Igual si que era una señal de que teníamos que ir a por todas: no sólo ir a por los frigocampeones sino esta vez transferirnos los dos juntos. Por dos razones: porque todos dicen que con dos hay más posibilidades de que agarre aunque sólo sea uno (maldita estadística) y porque yo quería cerrar ya esta segunda FIV, que empecé recibiendo el dichoso sobre para empezar en enero y estábamos en junio y todavía no tenía nada en claro. Si tenía que ser sería, sino quería relajarme el verano y desconectar de todo un poco.

Decisión tomada. Pero era la decisión correcta? El tiempo lo dirá


jueves, 13 de agosto de 2015

Y otra más

Teniendo en cuenta que soy un P*** desastre y he abandonado incomprensiblemente el blog durante 4 meses, me veo en la obligación de actualizar mi estado a marchas forzadas.

Ha sido una temporada de cambios, tanto laborales como personales. Eso sí, cogiendo fuerzas para continuar con nuestra búsqueda. Que se esta haciendo mucho más larga de lo que pensábamos en un principio. En cualquier caso, y creo que no soy la única a la que le pasa, cuando estas centrada en algo (empezar un nuevo ciclo, esperar una fecha señalada, etc.) parece que no pasa el tiempo. Los días se te hacen semanas, las semanas meses y crees que nunca llegará el día que tienes marcado en el calendario. Y cuando al final llega ya no te acuerdas de lo largo que se te ha hecho el camino. Bueno acordarte te acuerdas, pero no te parece tan pesado. no? Bueno, a mi me pasa mucho.

Y por fin llegó el día de empezar de nuevo. En el último tratamiento, como recordaréis, conseguimos 4 embriones. La transferencia en fresco no funcionó y nos quedaban nuestros tres frigocampeones en la nevera. Y manos a la obra que nos pusimos. Eso sí, teníamos claras dos cosas:

a) Seguiremos de uno en uno, porque aunque si sale todo bien iríamos a por el hermanit@ en breve (todavía tenemos esa ilusión), el concepto/posibilidad mellizos con nuestra situación personal nos da pánico

b) Ciclo natural: ya me tomo demasiadas hormonas y medicación durante los tratamiento para introducir además estrógenos artificiales sin ser necesario. Además, hay estudios que avalan un mejor resultado en ciclo natural (aunque estudios siempre hay para todos los gustos).

Dejamos pasar el tiempo imprescindible para la Seguridad Social. Estoy segura que fuéramos por la privada, hubiera empezado con la siguiente regla, pero como llamas para comunicar tu negativo y te dan cita para casi un mes después,... 

Primera visita post-negativo como siempre: mucha gente en la sala de espera, mucho retraso para entrar en la consulta, y charla escueta y rápida con el médico de turno cuando por fin nos toca. Ninguna explicación, ningún tratamiento para mejorar una posible implantación, continuamos para bingo: nueva transferencia con el siguiente ciclo. Que llame para pedir cita el día 9 del ciclo. 

Y punto, pa que más. Ya estamos resignados, es lo que hay.

Así quedamos y así hacemos: llamo el día indicado, me dan cita para el día siguiente y oh sorpresa, de repente me dice que porque no me tomo Adiro, a ver si tenemos suerte. Me quedo muerta, a días de la transferencia me mandan Adiro. No soy ni médico ni trabajo en el sistema sanitario, pero que con tan poco tiempo me manden una medicación para que surta efecto... Igual me equivoco pero me parece una chorrada. En cualquier caso, lo que entienden son ellos así que donde hay patron...

En esta primera revisión me ven el estradiol muy bajito todavía, así que tengo que volver en dos días analítica y eco. Finalmente transferencia programada para el día 16 de ciclo. Vamos pa' allá. Eso sí, esta vez la doctora que me atiende no me dice nada de la sedación/anestesia para la transferencia. Yo no me doy cuenta del hecho hasta el día antes de la transferencia en que me asalta la duda: yo creo que me lo harán con anestesia como siempre, pero como no me han dicho nada...

Intento hacerme con el hospital durante toda la mañana anterior y cuando por fin me cogen el teléfono la supersimpática de turno me dice que ella no lo sabe. Obviamente. Le digo que si por favor lo puede consultar, más que nada para que cuando llegue a quirófanos haya todavía por ahí un anestesista. Finalmente, a regañadientes me deja en espera mientras lo pregunta. Respuesta: tú vente en ayunas y ya veremos. Cómo que ya veremos? De verdad, esta sanidad Pública no deja de sorprenderme.

Mañana de la transferencia. 9:10h Entrego la hoja de la transferencia en el laboratorio. Le comento a la auxiliar lo de la anestesia. Me dice que lo consultará con el embriólogo y que ahora me comentan, pero que por si acaso, ni beba ni coma nada. Veinte minutos después nos pasa el embriólogo: el pequeñín ha descongelado bien y esta precioso esperando a mami. Respecto a lo de la anestesia, que no sabe nada, pero que siga sin beber por si las moscas y que me vaya ya a la sala de espera de la UCSI. Allí me informarán.

Finalmente viene a recogerme mi celadora preferida. Anestesia. Protocolo de siempre. Entro la primera después de las punciones del día. Esta vez rápido e indoloro. Despierto de nuevo en la UCSI. Al salir, cuando por fin nos dejan irnos, me cruzo de nuevo con mi celadora preferida que me pregunta si me acuerdo en que estaba soñando durante la anestesia porque dice que medio dormida no hacía más que decir "de perdidos al río, de perdidos al río" No recuerdo nada. Será una señal? Una señal de que?

Esta betaespera ha coincidido con mis vacaciones de final de contrato. Así que he tenido mucho tiempo para pensar. Demasiado tal vez. El resultado... esto pasó en mayo y no quiero alargar esta entrada más con detalles de "falsos síntomas" y comederas de cabeza: otra vez no ha podido ser.

Creo que, desgraciadamente, ya me estoy acostumbrando a las betaesperas negativas.