martes, 1 de abril de 2014

Punción hecha

Bueno, esto ya esta. La suerte está echada. 

Ayer, tal y como estaba previsto, llegamos a las 8 al hospital. Nada más llegar a la sala de espera de la UCSI, me llamaron para ingresar. Un besito rápido a ÉL y mirada de esperanza y complicidad. Para dentro. 
"Quítese toda la ropa, póngase esta bata y estos patucos. Guárdelo todo aquí"
Menos mal que las compis del foro me habían avisado de que llevara un euro suelto para la taquilla.


Pasamos a la zona de observación. Me toca la cama número 18. Veo que en la cama de al lado hay una chica que conocí en la sala de espera en la revisión del sábado. Parece ser que entraremos juntas. Al menos tengo con quien charlar mientras esperamos.

Pasa un buen rato hasta que nos llevan a quirófano. Bueno, no sé si pasa mucho rato o sólo me lo parece a mi. Los nervios van in crescendo. Llego a la antesala del quirófano, donde una por una, nos van preparando: nos ponen una via con suero y un antibiótico. 

Empieza la fiesta. Pasa la primera chica, creo que están con ella unos diez minutos, pero a mi se me hace eterno. Yo seré la tercera de la mañana.

Por fin, es mi turno. No sé que hora es. Deberían ser las 9 con eso de las 36 horas del ovitrelle. Pero me da a mi que es más tarde. Bueno, no creo que sea una ciencia exacta al minuto.

Entro al quirófano. Me "siento" en esa extraña camilla. Entre las piernas en los estribos y los brazos en cruz, me siento super vulnerable e indefensa. Menos mal que la enfermera es muy agradable y me va explicando un poco las cosas que van pasando a mi alrededor para tranquilizarme. Me dice "ahora vendrá la doctora y luego te pondremos la anestesia". Ya no recuerdo nada más.

Me despierto en la sala de observación. Tengo a una nueva enfermera al lado. Me pregunta que como me encuentro. Bien, supongo, bien. Poco a poco voy despertándome. Empiezan las molestias. No muchas, soportable. 

Me tienen mucho rato ahí, no sabría decir cuanto: media hora, una hora. Según me voy despertando, voy teniendo más y más hambre. Si, lo que tengo es hambre. Que le vamos a hacer.

Finalmente me pasan a sillón y llaman a ÉL por megafonía. Me alegro tanto de verlo! El pobre pone una cara mezcla de preocupación y lástima por mi supuesto mal estado. Yo le digo que se alegre, que estoy estupenda. Pero eso sí, que tengo mucha hambre.

Llega una enfermera y me dice mis opciones de desayuno: un yogourt o un vaso de leche con achicoria. Ante tales viandas, me decanto por un yogourt, de fresa si no es mucha molestia.

Y ahí estamos, espera que te espera, de charreta, esperando a que nos digan que tal ha ido y que ya podemos marcharnos. 

Ante mi sorpresa, no viene ningún médico a informar. Una de las enfermeras me entrega el informe de alta y me da un par de indicaciones sobre medicación. Yo pregunto ¿Pero no me van a decir cuantos me han sacado? La enfermera contesta que está todo en el informe.

Seis, al final me han sacado sólo 6 ovocitos. Según lo que me dijeron el sábado yo creía que serian bastantes más. Se me cae un poco el mundo encima. Se reducen nuestras posibilidades de éxito. Pero bueno, como dice mi marido, solo nos hace falta uno. Y con eso me quedo. Que remedio.

Cuando salimos, vamos directos a la cafetería. Mi estómago no se va a contentar sólo con un simple yogourt, aunque sea de fresa. Pseudo discusión con ÉL: yo quiero comerme un bocata, ÉL opina que después de la anestesia sería mejor algo más ligerito. Como siempre, gano yo. Eso sí algo light: bocadillo de tortilla de patatas con longaniza acompañado. como no podía ser de otra manera, de un bote de Aquarius.

Llegando a casa, me empieza a entrar modorra. Tengo sueño. Mucho sueño. Me llega justo para entrar en casa y tumbarme en el sofá. Sientecilla de tres horas. Me despierta ÉL. Trae un cuenco de sopa calentita. Que encanto. Pese a lo rica que está, me cuesta terminármela. Me siento muy hinchada. 

Tengo sueño, pero decido intentar mantenerme despierta hasta la noche, sino no dormiré. Lo consigo a duras penas. Sintiéndolo mucho, sobre las nueve, vuelvo a caer en manos de Morfeo. Cerca de las doce, ÉL me obliga a ir a la cama. No me cuesta volver a coger el sueño.

He retrasado al máximo la escritura de esta entrada porque me temía lo peor. He estado toda la mañana deseando que NO sonara el teléfono. Si lo hacía, sería para decirme que no había habido suerte y que no habían fecundado ningún ovocito. Sé que eso no me garantiza nada, que puede que mañana cuando vayamos nos digan que se han parado. Pero para mí es una pequeña victoria: paso a paso, el uno delante, el dos detrás. 

Ahora, sinceramente, lo que más me preocupa es que me siento muy muy muy hinchada, como si tuviera gases. Tengo un tripón bastante importante, mucho más que el habitual. Espero que sea solo un poco de hinchazón postpunción. Pero es que mañana ya es la transferencia y esto no baja.

Es extraño, ahora mismo no sé como me siento. No sé si estoy preocupada por mi hinchazón por miedo a que derive en hiperestimulación. No sé si me mosquea que todavía esté marcando un poco más de 24 horas después de la punción. No sé si estoy nerviosa porque a partir de mañana estaré en betaespera y todavía tengo muchas dudas de que cosas exactamente puedo o no puedo hacer en nuestras circunstancias. No sé. Supongo que es una mezcla de todo. 

Eso sí, sorpresivamente, no estoy preocupada por la transferencia en sí: la suerte está echada. Los biólogos ya tienen nuestros respectivos bichines. Ya no está en mis manos. Confío, debo confiar, en los profesionales. Mañana, para bien o para mal, será un gran día.

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