martes, 25 de febrero de 2014

Se te pasa el arroz

Ay! como odio esta expresión!

La primera vez que la oí tenía tan sólo 22 años. Sí, increíble pero cierto: me dijeron por primera vez que se me pasaba el arroz cuando apenas tenía la edad legal para beber alcohol en algunos países. También es verdad que me la dijo un crio: el hijo de unos amigos al que me encargaba de llevar conmigo al futbol (si, he sido ultra, que pasa jeje). Por aquel entonces él debía tener 13 o 14 años y ya tenía una novieta con la que llevaba casi dos. Una eternidad para él. Ay! el primer amor! Él estaba convencido que esa chica era la mujer de su vida y no entendía como yo, a mi edad, todavía no había "conseguido" un novio con el casarme y tener hijos como una coneja.

El asunto en su momento me ofendió, y más viniendo de un criajo como él, pero con el tiempo empecé a pensar: y si realmente se me pasa el arroz, y si no encuentro a mi príncipe azul con la po**a de oro, y si realmente no lo quiero encontrar. La verdad es que estaba muy bien: salía con un gran grupo de amigos, me divertía, iba abriéndome camino en mi vida profesional, poco a poco iba viviendo mi vida tranquila y sin necesitar nada más. Formar una familia era lo último que se me pasaba por la cabeza.

Yo nunca he sido una de esas mujeres que sabian mas pronto q tarde formarian una familia. Estaba convencida de que criar a otro ser no era algo que iba conmigo. Sí, tenía amigas que se morían por tener hijos. Que aunque por esa época creían que era pronto para ellas, también tenían claro que no tardarían mucho en ser madres. Era algo que querían y que sabían que tendrían. Yo en cambio, no era de esas.

Cuando empezaron a tener ratas (perdón si ofendo, pero es una expresión), ese instinto maternal que se supone a toda mujer, en mí no aparecía por ningún lado. Cada vez que me decían coge un momento al bebé, yo con cara de susto hacía lo imposible por zafarme. Generalmente lo conseguía,  pero ellas, ávidas en su empeño y divertidas por mis intentos de escaqueo, al final me lo endorsaban. Creo que ellas creían que si conseguían ponerme a esa cosa que no era capaz de aguantar el peso de su propia cabeza en mi manos, me iba a rendir a la evidencia de que las mujeres estamos en este mundo para dar a luz a esos extraños seres que te llenan la cabeza de preocupaciones, lloran a todas horas, no te dejan dormir,... Vamos, que te cambian la vida de arriba a abajo y, aún así, estas contento por ello. Sarna con gusto no pica. No hace falta decir que esa chispa no prendió y que han pasado unos cuantos años hasta que al final me he decidido a ello.

Para ello ha sido imprescindible encontrarlo a ÉL. Pero aún así, nos ha costado bastante ponernos de acuerdo al respecto. Hablando del tema hace algún tiempo, llegamos a la conclusión de que nuestras respectivas ganas de ser padres han sido como dos líneas que se han debido cruzar en varias ocasiones pero que no nos hemos dado cuenta. Al principio yo no tenía ningunas ganas y ÉL muchísimas. Sin saber cuando ni porque, en otro momento era yo la que quería empezar a "mover el tema" y ÉL el que decía que para que darse tanta prisa con lo a gusto que estábamos los dos solitos.

Y así en un sube y baja, hasta que al final, fuimos conscientes de que nuestro caso no iba a ser sencillo y que deberíamos empezar a mover ficha para ir entrado en listas de espera y demás. Porque si no, si que se nos iba a pasar el arroz.

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