jueves, 27 de febrero de 2014

Estudio básico de como perder el tiempo

Como nos dijo el Jefe de Departamento, lo primero que había que hacer era aplicar el protocolo y realizar un "Estudio básico de esterilidad" consistente en realización de una serología a cada uno; para mí análisis hormonal, ecografía, cultivos e Histerosalpingografía; y para ÉL Seminograma. Que digo yo, que si es un protocolo no podía haber ido pidiéndonos esas pruebas la primera ginecóloga que nos vio? igual adelantábamos algo.

Yo "loca" de contenta al ver que me van a hacer más pruebas que a una sirena y preocupada por el seminograma que le han mandado a mi bolita. Le explicamos de nuevo, al buen jefe de departamento, que nuestro problema para concebir es precisamente ese. Que mi chico, a causa de la lesión medular, no produce muestras. Vamos que no podemos conseguir material para realizar un seminograma. Que al sufrir una lesión tan alta, pues como que no. Le intentamos hacer ver las implicaciones que en el caso particular de mi marido tiene la lesión. Que no sólo es no tener muestra para la prueba, es mucho más.

El hombre nos insiste que es muy probable que al tener relaciones él tenga una retroeyaculación de la cual no hayamos sido conscientes nunca. Que lo que tenemos que hacer es que él antes de practicar sexo, se tome dos vasos de bicarbonato, para poder aclarar la orina y hacer que tenga un Ph compatible con la vida de los espermatozoides "Así podríamos conseguir una muestra viable para IA". Luego, que lo recoja con una sonda y lo llevemos a analizar.
Sí, yo también me quedé muerta matá con el asunto. Que cosa más retorcida y complicada. A mi exiguo conocimiento en la materia basado en mis ya casi olvidadas clases del instituto y dos meses en la Facultad de Biologia, el tema me parecía a todas luces una marcianada. En cualquier caso, creo que no entendió que ese extraño procedimiento que le parecía tan sencillo, implicaba una serie de complicaciones difícilmente salvables dado el estado físico de ÉL

Con el tiempo he llegado a varias conclusiones. La primera es que al tratarse de un hospital público pero de gestión privada, deben cobrar por prueba realizada, aunque no valgan para nada. Otra posibilidad es que realmente no dijo lo que dijo o nosotros lo entendimos mal, porque no puede ser que tal marcianada salga de la boca de todo un doctor. Seguramente lo entendimos mal porque a todas luces no hay por donde cogerlo. Igual me lee un experto en la materia y me saca de mi error pero hoy por hoy sigo sin entenderlo.

Pero mi conclusión principal es que en ese hospital, y en particular, en esa especialidad, no tienen ni p*** idea de lo que significa una lesión medular.

Si realmente queríamos ser padres, deberíamos movernos por otros lares. En nuestro hospital de referencia no nos iban a ayudar mucho. Como poco, nos iban a hacer perder el tiempo.

Primeros pasos

Nuestro primer paso fue pedir cita en el médico de cabecera con la intención que nos derivase al especialista pertinente. Cual fue mi sorpresa cuando el buen médico le mandó cita a mi chico con el ginecólogo. Un hombre en el ginecólogo. Él era el profesional y sabía a que especialidad debía enviarnos pero desde nuestra ignorancia muy normal no nos pareció.

Esperamos pacientemente nuestro mes y medio para tener la deseada cita ginecológica en nuestro centro de especialidades. Llegamos allí con muy poca información y cara de pardillos. Novatos en la materia. Nos atiende una doctora joven y amable. Le contamos porqué estamos allí y nos informa de como está el panorama: en ese hospital sólo realizan IA (Inseminaciones Artificiales) pero que no tiene claro que para nosotros sea una opción de tratamiento. Que seguramente nos debían derivar a FIV (Fecundación In Vitro), a otro hospital de la provincia. En cualquier caso los temas de fertilidad los llevaba directamente el Jefe del departamento de ginecología y que deberíamos haber pedido cita los dos (hombre y mujer) con él. Conclusión, que pedimos nueva cita con el buen hombre, que como buen jefe de departamento, sólo pasa consulta un día a la semana. 

Dos meses después, llegamos de nuevo a la misma consulta pero con un doctor distinto al otro lado de la mesa. Le constamos nuestros planes de futuro y él empieza a plantearnos las opciones: para nosotros la mejor con diferencia era hacer una IA con esperma de donante. Ellos eran el único hospital de la provincia sin listas de espera para este tratamiento. Si nos hacíamos una IA con donante, en dos meses embarazados. A tomar por culo la paternidad genética. Así. En frío. Zas en toda la boca.

Nos costó un poco reaccionar, porque no creíamos que lo tuviéramos tan crudo. Vamos a ver, no eramos para nada expertos pero no podíamos creer que de buenas a primeras desahuciaran los genes de mi marido sin más miramientos. Finalmente le dijimos que queríamos intentar tener un hijo genéticamente nuestro. Por lo menos intentarlo.

Al fin nos dijo que lo primero era hacer un estudio de esterilidad y que igual era posible la IA con el material de ÉL (no todo estaba perdido). Y que bueno... también existe... pero es difícil,... hay mucha lista de espera,... tienen que aprobarlo,... pero podrían derivarnos a otro hospital donde si que hacen FIV. Pero claro, que nada era seguro y que íbamos a perder mucho tiempo (ah amigo, hay más opciones).



Hay que tomar una decisión

Cuando nos casamos, lo de los niños no era para nada una prioridad. Ninguno de los dos lo tenía realmente claro. Además, las ganas de uno nunca coincidían con las ganas del otro. Siempre pensábamos que ya habría tiempo. Que debíamos disfrutar de la pareja al máximo. El caso es que ninguno de los dos nos aburríamos del otro, pero el tiempo iba pasando. 

Llegó un día en el que, no sé bien cómo, los dos empezamos ha hablar del tema. Por fin lo afrontamos. Realmente todavía no nos veíamos con churumbeles a nuestro alrededor pero sabíamos que para ampliar nuestra pequeña familia de dos teníamos que ir al médico. Habíamos oído decir que había mucha lista de espera, aunque ingenuos de nosotros, no podíamos pensar que era tanta. Así que decidimos ponernos manos a la obra y empezar a mover el tema seriamente. De este modo, cuando por fin nos tocara, igual teníamos ganas de ser padres.

martes, 25 de febrero de 2014

Se te pasa el arroz

Ay! como odio esta expresión!

La primera vez que la oí tenía tan sólo 22 años. Sí, increíble pero cierto: me dijeron por primera vez que se me pasaba el arroz cuando apenas tenía la edad legal para beber alcohol en algunos países. También es verdad que me la dijo un crio: el hijo de unos amigos al que me encargaba de llevar conmigo al futbol (si, he sido ultra, que pasa jeje). Por aquel entonces él debía tener 13 o 14 años y ya tenía una novieta con la que llevaba casi dos. Una eternidad para él. Ay! el primer amor! Él estaba convencido que esa chica era la mujer de su vida y no entendía como yo, a mi edad, todavía no había "conseguido" un novio con el casarme y tener hijos como una coneja.

El asunto en su momento me ofendió, y más viniendo de un criajo como él, pero con el tiempo empecé a pensar: y si realmente se me pasa el arroz, y si no encuentro a mi príncipe azul con la po**a de oro, y si realmente no lo quiero encontrar. La verdad es que estaba muy bien: salía con un gran grupo de amigos, me divertía, iba abriéndome camino en mi vida profesional, poco a poco iba viviendo mi vida tranquila y sin necesitar nada más. Formar una familia era lo último que se me pasaba por la cabeza.

Yo nunca he sido una de esas mujeres que sabian mas pronto q tarde formarian una familia. Estaba convencida de que criar a otro ser no era algo que iba conmigo. Sí, tenía amigas que se morían por tener hijos. Que aunque por esa época creían que era pronto para ellas, también tenían claro que no tardarían mucho en ser madres. Era algo que querían y que sabían que tendrían. Yo en cambio, no era de esas.

Cuando empezaron a tener ratas (perdón si ofendo, pero es una expresión), ese instinto maternal que se supone a toda mujer, en mí no aparecía por ningún lado. Cada vez que me decían coge un momento al bebé, yo con cara de susto hacía lo imposible por zafarme. Generalmente lo conseguía,  pero ellas, ávidas en su empeño y divertidas por mis intentos de escaqueo, al final me lo endorsaban. Creo que ellas creían que si conseguían ponerme a esa cosa que no era capaz de aguantar el peso de su propia cabeza en mi manos, me iba a rendir a la evidencia de que las mujeres estamos en este mundo para dar a luz a esos extraños seres que te llenan la cabeza de preocupaciones, lloran a todas horas, no te dejan dormir,... Vamos, que te cambian la vida de arriba a abajo y, aún así, estas contento por ello. Sarna con gusto no pica. No hace falta decir que esa chispa no prendió y que han pasado unos cuantos años hasta que al final me he decidido a ello.

Para ello ha sido imprescindible encontrarlo a ÉL. Pero aún así, nos ha costado bastante ponernos de acuerdo al respecto. Hablando del tema hace algún tiempo, llegamos a la conclusión de que nuestras respectivas ganas de ser padres han sido como dos líneas que se han debido cruzar en varias ocasiones pero que no nos hemos dado cuenta. Al principio yo no tenía ningunas ganas y ÉL muchísimas. Sin saber cuando ni porque, en otro momento era yo la que quería empezar a "mover el tema" y ÉL el que decía que para que darse tanta prisa con lo a gusto que estábamos los dos solitos.

Y así en un sube y baja, hasta que al final, fuimos conscientes de que nuestro caso no iba a ser sencillo y que deberíamos empezar a mover ficha para ir entrado en listas de espera y demás. Porque si no, si que se nos iba a pasar el arroz.

En el principio de los principios

No quisiera aburrir con un rollo esos de "en el principio de lo los tiempos", pero es importante explicar un poco del porqué de este blog. Son varias las razones, pero supongo que la principal es ocupar el demasiado tiempo libre que tengo desde que me echaron del trabajo y que sólo ocupo en comerme la cabeza con la 'im'posibilidad de ser madre.

Tal como está la Seguridad Social hoy en día, al menos cuento con lo más importante, una pareja de sexo opuesto para que nuestro sistema sanitario tenga a bien ayudarnos a reproducirnos como especie humana.

Desde el principio sabíamos que para nosotros no iba a ser sencillo. ÉL tiene una lesión medular a causa de la cual teníamos claro que si queríamos ser padres deberíamos acudir a un superromántico sistema de laboratorios de ingeniería genética de última generación. Pero nunca pensé que el proceso iba a ser tan lento, duro y farragoso. Y eso que todavía, como el que dice, no hemos empezado.